Adrian Elizondo: En el ritmo de la pasión.

Artículo en colaboración con Cuco Arts.

Era un ambiente particular para la sultana del norte, Monterrey, el que una banda de metal
progresivo abriera un concierto en la renombrada Arena Monterrey. La banda en cuestión,
Dream Theater, preparaba el escenario para la banda británica Yes. Era 2004.


La música recorría el recinto, la energía vibraba, y entonces la magia sucedió: Adrián Elizondo
había descubierto a lo que quería dedicar su vida.

Producir música es uno de esos ejercicios que en papel parecen fáciles, pero no es sino
cuando estás frente a una consola que de verdad dimensionas el talento y la disciplina que se
requieren para convertir una serie de grabaciones en una pieza que estará en tu cabeza por
días, y que con un poco de suerte, podrá incluso cambiar tu vida.


Han pasado 21 años del concierto de Dream Theater en Monterrey, y desde Los Ángeles,
Adrian Elizondo lo recuerda con cariño al tiempo que confirma que sí, producir música es su
pasión. O como suele afirmarlo, con la característica expresión regiomontana: “es correcto”.


Si bien su producción actual se concentra en California, su historia comienza en Nuevo León,
su lugar de nacimiento, donde entonces comenzó a tocar la batería.


“Lo primero que le dije a mis papás fue ‘Quiero que me compren una batería de navidad’ (…)
Era lo único que quería. Me compraron la batería y empecé a aprender. Me acuerdo que me
consiguieron un maestro que venía todos los viernes a enseñarme y aprendí formalmente la
técnica correcta”.

A mi parecer, tocar la batería y producir música comparten la misma raíz del éxito, saber tocar
la nota justa en el momento justo. Y es que además de ir desarrollando ese talento, Adrián fue
aprendiendo las bases formales de la música, un paso que resultaría decisivo en el futuro.


“Me enseñó, me acuerdo muy bien, a leer música y partitura, por lo que tuve una educación
formal. (…) Desde muy chiquito desarrollé una habilidad para analizar la música, (y con Dream
Theater) a analizar música muy complicada. Eso me ayudó a tener cierto nivel desde el
principio”.


Fue con este proceso con el que Adrián inició una banda en Monterrey. Tras un par de
presentaciones, el paso de la vida habría de enseñarle una lección que hasta el día de hoy le
hace reflexionar, y esa es lo complicado que es mantener una banda. Hay cierta magia en el
hecho de hacer coexistir a varias a personas en el mismo lugar, al mismo tiempo, y con la
misma pasión en común.


Todo esto sucedía en un tiempo en el que el internet estaba reservado a una esquina de la
sala, con alcances bastantes limitados. Formar una banda comenzaba con el amigo de un
amigo, el conocido de un conocido, los nombres que se convertían en caras y después estos
en una agrupación.


No obstante, todo esto habría de cambiar a sus dieciocho años, cuando, tal y como su trabajo
mas reciente, un cover de “Pink Pony Club” por el grupo SauerSam and the Tablecloth Band,
su vida habría de cambiar por visiones de Los Ángeles.


Si bien su mudanza a Los Ángeles no era algo que estuviera en su control, qué hacer con su
talento si lo era, y poco a poco comenzó en bandas de punk rock, un poco alejadas del metal
progresivo que lo inspiró, pero que él mismo reconoce que:


“Batallé un poco para encontrar gente a la que le gustara el (metal) progresivo, era más como
punk-rock en ese momento. Le gustaba mucho a la gente Offspring, Blink-182, Sum41”.


Fue en su primer año, estudiando finanzas, que comenzó a hacer contactos en el entorno
musical, pero todo habría de cambiar cuando entró a Los Ángeles Recording School, un
entorno que transformó completamente su entendimiento sobre la música.


“Cambió mucho mi experiencia, aprendí de la postproducción de cine, editar diálogos. Fue
una carrera muy amplia.


Al ser una división de Los Angeles Film School, Adrián pronto se vio produciendo música para
cortometrajes, y fue su extraordinario talento el que lo hizo destacar.


A pesar de lo diferente que puede ser producir música para un medio distinto, lo que más
disfruta hacer es experimentar, y es precisamente esto donde él encuentra la magia y la pasión
por el proceso de la producción.


Al principio recibía proyectos de cine, que consistían principalmente en editar y producir
películas. Y es que al ser un subsidio de LAFS, poco a poco fue conociendo estudiantes que
buscaban ser directores, productores o realizadores, y se encontraban con la necesidad de
encontrar a alguien que tuviera talento para mandar el audio y la música.


Cada colaboración con otro artista se convierte entonces en la posibilidad de alcanzar nuevas
dimensiones en el sonido: mezclar el rock con el acordeón, el metal con lo progresivo, la
disciplina con la constancia.

Adrián Elizondo y Alex Villarreal, vocalista de Shallow Rising, en el estudio tras una
sesión de producción.

Perseguir una pasión requiere mucho mas que simple suerte, y como Adrián mismo lo explica,
la pasión te hace entrar, pero la disciplina te hace quedarte. Fue la misma disciplina que lo
llevó a aprender batería, a iniciar de cero en una nueva ciudad, y ahora, es la misma que lo
hace brillar.


¿Su distintivo? El toque humano, con un cierto tinte de apuntar hacia la perfección. Encontrar
la forma en que cada instrumento y cada voz logren transmitir lo que necesitan. Ese es su
compromiso, tanto con los artistas que confían en el, como consigo mismo.


En una era en la que la inteligencia artificial amenaza con abarcarlo todo y hacerlo todo, Adrián
comenta que la ve como una herramienta, todavía no es hora de preocuparse, pero si de
aprender a manejar las cosas para que no lo manejen a uno.


“Ahorita, la IA está en un punto clave en el que todavía se puede usar como herramienta,
todavía no nos reemplaza. (…) En la parte de máster y producción, todavía suena mejor si
alguien, un ser humano, produce tu música (contrario a) un programa. Todavía ese toque humano, hecho por un ser humano, va a sonar 100% mejor. Siempre”

Es precisamente la humanidad la que sale a relucir en su proceso creativo, humanidad
impulsada por pasión. Desde grabar en el estudio a los músicos, editar el sonido, y preparar la
maqueta.


La producción no comienza cuando se abre el software de edición, sino que está presente
desde días antes, cuando comienza la experimentación con los sonidos, empezar a
identificarlos y ver a donde lleva la frecuencia de sonido.


De un segundo lugar en el concurso mundial Nail the Mix, a formar una banda con su amigo
guitarrista Jason Lester, pasando por una tarde en la que estuvo en el estudio de grabación de
uno de los integrantes de Guns’N’Roses, la trayectoria de Adrián apenas comienza.


Al verlo, uno ve la confianza de alguien que sabe lo que hace, guiado por una disciplina que no
le deja perder el tiempo, y la visión y mente de quien está apasionado por lo que hace, y sobre
todo, que mantiene su música en el ritmo de la pasión.

Adrián Elizondo en su estudio.

El trabajo de Adrián Elizondo está disponible en adrianelizondo.com y su perfil en Instagram
@adrianmakesmusic

¿Quieres opinar algo? Te leemos en post@tsezmetro.mx

Ayn Rand una vez dijo que ‘la humanidad va en un vuelo a alta velocidad, pronto descubriremos que la cabina del piloto va vacía’. Mientras sigamos volando, seguiremos reportando.

Arte, cultura, historia, humanidades, muchas cosas, así como el mundo.

Porque en Tsez-Metro, nuestra misión es mostrar la vida, en su mejor versión.

The Wednesday Review, el día más relax de la semana necesitaba un newsletter. Suscríbete (gratis) aquí.