Romper con el año pasado.

The Wednesday Review, Semana 2, Volumen 2

Ilustración colaborativa de @luzes.telar y @tsez.mx para The Wednesday Review

Preámbulo.

Este TWR viene a ser una carta de rompimiento con lo que venía pasando con casi todos los TWR pasados, algo así como cuando Martín Lutero clavó sus reformas en la iglesia de Wittenberg.

¿Estoy por crear una protesta contra el TWR? No. ¿El TWR pasará a ser el TTR*? No, ni en esta ni en otras reencarnaciones.

¿Entonces que está pasando? Pues nada, que, como decía Tomasi di Lampedusa en su Gattopardo: si queremos que todo siga como es, todo tiene que cambiar.

*The Thursday Review


El Wednesday Review nació como mi experimentación en la escritura, en la necesidad de compartir mis pensamientos de mente cosmopolita-pseudo filosófica con el mundo exterior, como las sondas que manda la NASA a ver si alguien contesta al llamado de los humanos desde el espacio exterior.

Hace poco me reencontré con el borrador de lo que sería el primer TWR, un archivo bastante olvidado que escribí un día de sol español en el que resolví el enigma sobre lo que quería hacer: escribir.

Probablemente ese borrador aparezca en la edición 50th Anniversary del TWR, publicado por Simon and Schuster en tapa dura y papel de 120 gramos (Manifestando!), pero a manera de adelanto, puedo decir que ahí yo redactaba que no creía en la fuerza de las palabras sino en la fuerza del pensamiento.

Es el pensamiento el que permite que las palabras formen algo de valor. Es el pensamiento el que estructura las palabras, así como las varillas y mezclas que sostienen el diseño y esplendor de un edificio.

Podemos escribir, de la misma forma que todos podemos comprar lienzos y oleos, pero solo un artista sabrá darles forma y sentido. Así como todos podemos comprar tomates, pero habrá quien haga crema y habrá quien haga ensalada (o mejor aún, gazpacho). Todos podemos poner palabras, pero solo el pensamiento hará que del azar salga la intención.

El TWR lo pensé como un espacio en el que el pensamiento pudiera salir entre las palabras, escondido, expectante, como si se tratase de una cacería intelectual.

Estar leyendo bla-bla cultureta y que cuando menos lo esperases, bam, una reflexión sobre la fragilidad de la vida y la durabilidad del tiempo.

Poder reflexionar del mundo y de la vida, pero siempre con ojo macro. Entender que lo que pasa aquí, influye allá. Que ojalá hubiera un Wall Street Journal de las emociones, y que los sentimientos se puedan tratar como las alzas y bajas de la bolsa.

(Si esto fuese un titular del Wall Street Journal, escribiría:

THE WEDNESDAY REVIEW TO BE RESTRUCTURED AFTER DEAL WITH JW MARRIOTT.)

Creo firmemente que todo lo que nos sucede es parte de algo mayor, no existe algo así como un caso aislado. Lo que sentimos, lo que nos pasa, lo que nos preocupa, es parte de la existencia misma. Una sola e indivisible.

Las personas que creen que la política no les afecta, tarde o temprano se dan cuenta que sí, cuando los precios suben o nuevas leyes aparecen; así como los negacionistas del cambio climático, que cuando llegan heladas extremas, o cuando llueve “como hace mucho no llovía” tienen frente a si mismos las pruebas de lo que niegan.

Puede que la guerra entre Rusia y Ucrania no sea la causa de que una pareja rompa hoy, pero todas las cosas que pasan alrededor terminan acumulándose en nuestras mentes, y solo nuestro pensamiento es capaz de darle forma y sentido.

En la Semana 15, Volumen 1, hablaba del mercado de las emociones, y cómo todo lo que nos rodea nos influye de una forma u otra, e invito a leerla si el tema les resuena, pero el punto que intento hacer aquí es que hay que ver el mundo con ojos más grandes.

Solo si entendemos lo que pasa alrededor lograremos entender lo que nos pasa a nivel personal, porque al final del día, todo es un reflejo de lo que traemos dentro. Es una paradoja bastante intrincada, y me parece que puede llegar a rozar un texto del Kybalión, donde incluso ahí lo presentan como un principio: como es adentro, es afuera.

De buenas a primeras puede resultar difícil querer analizarse. ¿Por dónde empieza uno a ver hacia dentro? No es cómo abrir un cajón y empezar a sacar cosas. Entrar a la mente de uno mismo, y más si no se intenta frecuentemente, puede parecer un laberinto. Pero he ahí la cuestión, hay que empezar con ojo macro.

Al ver lo que nos rodea y cómo nos sentimos con eso, podemos empezar a desenredar nuestra mente. ¿Por qué esta noticia si me interesa y por qué esta no? ¿Por qué esta pintura me provoca esta sensación que no puedo explicar? ¿Por qué me cae tan mal aquel presentador de la tele?

Nada es gratuito, todo lo que sentimos viene de un lugar.

Espero que el Wednesday Review pueda llegar a ser ese punto de partida, en el que las cosas ganen otra óptica, y del azar salga la intención.

Ya Sócrates lo decía: “Una vida sin examinar no merece la pena ser vivida”. Pero también hay que reconocer que a veces es más cómodo mirar a través de la ventana que verse a través del espejo.

No vengo aquí a exponer mi vida. Este no es mi diario. Pero puede que hablando de cosas externas lleguemos a puntos comunes y terminemos por darnos cuenta que todos tenemos más en común de lo que pensamos.

A reveure.

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