The Wednesday Review, Semana 14, Volumen 1

Hace mucho tiempo, cuando recién empezaba este ‘viaje’, (aunque a Anna Wintour le molesté la palabra ‘viaje’ en estos contextos), tuve la gran idea de empezar un podcast. Según mi razonamiento del momento, eso era lo que yo necesitaba para expresarme.
El proceso detrás de uno de esos episodios consistía en investigar sobre un tema, para después hacer un guion, de alrededor de 8 páginas, para luego leerlo ante el micrófono. No tardé mucho en que este proceso perdiera su magia y terminara sintiendo que estaba haciendo un trabajo para la escuela.
Lo que yo quería era escribir.
Escribir de muchas cosas. Tener la posibilidad de contar algo que me resultara interesante, y de cierta forma yo esperaba poder contar cosas que ya sabía, como el curioso caso de porque Mónaco es independiente (o porque Francia no los ha anexado), la forma en la que Finnair hace dinero y se mantiene vigente como aerolínea, o el palacio que Hearst se mandó a construir en California y que inspiró la película de “Ciudadano Kane”.
Tengo un gran conocimiento de datos altamente inútiles. Y no lo digo por desmeritarlos, porque honestamente me divierte mucho poder contarlos, y aprenderlos nunca deja de darme esta sensación de que el mundo es una gigante World Wide Web. Pero no es como que pueda subirme a un elevador y de la nada decir, “el Apollo 13 fue salvado porque los tripulantes taparon las fisuras con cinta adhesiva”.
Lo mismo por lo que me fascinan los libros super nicho, como uno que tengo en mi lista hace mucho tiempo, “La sovietización de Azerbaiyán” de Jamil Hasanli, un libro que a mí me parece increíblemente interesante, pero que con mi papá ya se ha convertido en un chiste al usarlo como sinónimo de que la plática no da para más.
“A: ¿Y siempre que te dijo?”
“B: Nada, al final tuvimos un debate sobre la sovietización de Azerbaiyán.”
Y la cosa aquí es que hay un gran margen de contenidos y temas disponibles, y la confirmación de que siempre habrá audiencia para ti es el hecho de que pueda existir un libro como “La sovietización de Azerbaiyán”, y que alguien lo haya propuesto, y luego alguien lo haya escrito, y luego alguien lo haya editado, y luego alguien lo haya publicado, y luego alguien quiera leerlo… wow. (uso excesivo del “y luego alguien” intencionado).
Como puede haber un libro sobre Azerbaiyán, puede haber otros como uno que vi en Soriana la vez pasada que se llamaba “¡¡No le escribas a tu ex!! Y otros consejos”, y honestamente me quedo con Azerbaiyán, porque de leer sobre una exrepública soviética a un examor no correspondido, pues me quedo con la república.
Al final de cuentas, todo este soliloquio sobre la variedad de temas disponibles no es más que una excusa para poder afrontar el problema que me atacó estas dos semanas y del cual viene el título del día de hoy. Y ese problema es…
Mi crisis por sentir que lo que hago no da una.
Ajá, ya lo confesé.
El elefante en la habitación ya fue descubierto y ahora si podemos partir el pastel.
Fuera de bromas, estas dos semanas me detuve bajo la falsa excusa de que el trabajo y las ocupaciones no me dieron oportunidad para escribir, cuando la realidad es que las excusas son excusas por esto mismo. Lo que no quería afrontar era que no me sentía seguro de que estuviera escribiendo cosas de valor.
Es más fácil dar una excusa que buscar una solución. Así como sería más fácil culpar a la Unión Soviética por los problemas actuales de Azerbaiyán, que buscar una solución dentro del país. Y menciono Azerbaiyán para demostrar la importancia de libros como el que ya mencioné, pero como es este como puede ser México, Uganda o Bahréin.
Naturalmente es más fácil culpar a la historia de un país que al país en su actualidad. Naturalmente no somos países, pero todos los países son humanos y he ahí el meollo del asunto.
Es muy sencillo y práctico permitir que nuestros errores, o nuestro pasado, marquen la dirección de nuestro presente. Y salir de ahí es ir contra la inercia que propuso Newton.
Y de ahí viene el título de este artículo: detener un impulso es manejar el tiempo.
La frase en sí viene de un video de autoayuda de esos que uno ve de vez en cuando en youtube, con la voz robótica y las fotos de stock, cuya identidad no recuerdo porque la verdad es que he visto ya varios sino cientos, pero de cierta forma la frase resonó conmigo en su momento y hoy os la doy.
La inercia no nos va a querer dejar salir de nuestro camino, y cuando uno toma una desviación, como no publicar el Wednesday Review dos semanas seguidas, entonces we’re in trouble, porque una vez que dejas de hacer algo, es más fácil dejarlo pasar una y otra vez.
No sé en qué libro de hábitos (si en Buenos Hábitos, Malos Hábitos, o en Hábitos Atómicos, o tal vez fue en el de Azerbaiyán) dicen que si dejas pasar dos días un hábito que quieres tomar, entonces ya no lo vas a seguir. Porque al primer día puede ser un accidente, un contratiempo o lo que quieras que sea, pero ya el segundo día empieza a sonar más a decisión que impotencia, y para el tercer día piensas “Pues si ya lo dejé dos días, pues ya, que sea lo que dios quiera”.
Y honestamente volver es lo que más cuesta, cosa que también pasó con Fax Público, pero que no he olvidado porque también va a volver con otro giro.
Pero he ahí donde sale la frase, si detenemos ese impulso, ya sea de hacer o no hacer algo, y lo pensamos, lo razonamos y tomamos acción al respecto, entonces ya deja de ser impulso.
Detenemos la inercia, controlamos el tiempo, porque al final de cuentas, el único tiempo que podemos controlar es el de cuanto nos toma hacer algo, ya sea minutos o años, un rato o una vida.
Pensar y razonar en exceso el motivo por el que hacemos las cosas, querer encontrar algo único y mágico que presentar al mundo, y peor aún, esperar que sea un éxito en ventas de la noche a la mañana solo nos va a hacer detenernos, y esperar, y planear, y planear, y planear.
Mi mayor vicio es la planeación, y esa es otra confesión que hago aquí hoy, una confesión por cada semana que no estuve. Creo que ya es tiempo de superarlo.
Este miércoles es hora de reescribir la historia, no borrando el pasado, sino cambiando la narrativa del presente. Volver cuantas veces sea necesario, y seguir creando, construyendo y conectando, porque esta es la única forma en la que en realidad se puede avanzar (y decir que se está avanzando).
The Wednesday Review is back, and more alive than ever.
See ya’ next week!


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