The Wednesday Review, Semana 1, Volumen 2

Voilà, volumen 2. 2026. Un nuevo año.
Se supondría, dado que me considero un fiel seguidor de la numerología, que el TWR debería haber iniciado justo hoy: el primer miércoles de enero (mes 1), del 2026 (año 1), pero bueno, a veces la prisa apremia y nos lanza en otra dirección.
El 2025 fue un año 9, un año de cierres, de rompimientos, de dar ese punto final a lo que sea que pensáramos tener escrito y dar vuelta a la página. En muchos lugares me fue muy común escuchar que el 2025 había sido un año difícil, complicado, y que “ojalá y nos vaya mejor en el 26”. Todos queremos un mejor año, y este es justo el inicio que esperamos.
El 2026, si sumas sus dígitos, da 1. Lo que significa que es el año ideal para iniciar proyectos, relaciones, hábitos, etcétera. Y no, el TWR no se ha convertido en una columna de horóscopos y rituales (aunque eso haría que se vendiera mucho).
El punto aquí es que este año sí es el momento para iniciar, porque la verdad es que nunca hay un momento exacto para comenzar las cosas, todo depende de actitud y voluntad.
El 17 de febrero comenzará el año nuevo chino, que este año resulta ser el año del caballo, al fin un animal noble, después del dragón y la serpiente que vinieron a mover las cosas de una forma salvaje, por decir lo menos.
El año del caballo implica movimiento, libertad, velocidad, lo cual veo muy adecuado para toda esta idea de los inicios y los comienzos, ese lanzamiento inaugural del cohete de nuestras vidas.
En el tarot, la carta 1 equivale a la carta del mago, el personaje que tiene la maestría sobre los elementos y sabe cómo transportar sus ideas de la mente a la realidad. Mi carta favorita si me lo preguntan.
Pero precisamente, estos tres elementos, el uno, el caballo y el mago, implican algo que veo muy necesario destacar: acción.
Decisión para comenzar. Comenzar a andar, a crear, a pensar.
Lo más difícil siempre es tomar acción, pero por eso resulta necesario simplemente aventarse al vacío, teniendo la confianza de que antes de caer desarrollaremos las alas para hacernos volar.
Sin embargo, creo que también es necesario destacar que hay que dejar atrás todo aquello que ya no sirva, porque al final de cuentas, todo el equipaje extra implica un cargo adicional por parte de la aerolínea.
Si tanto queremos movernos, llegar a otros sitios, ¿por qué habríamos de cargar con cosas que no van a servir?
Uno no compra sus souvenirs antes de viajar y tampoco lleva los de viajes atrás, éstos se buscan mientras uno está explorando, llevando consigo todo aquello en lo que encuentra valor. Lo mismo debe ser para cada año nuevo.
Ya T.S. Elliott, en su poema de 1942, “Little Gidding”, decía que:
“Porque las palabras del año pasado pertenecen al lenguaje del año pasado.
Y las palabras del próximo año esperan otra voz.
Y hacer un final es hacer un comienzo.”
Cada año nos llama a iniciar de nuevo; a quitarnos el miedo de dar cierre, de dar finales. El 2025 fue el año más significativo para hacerlo, y tenemos que pensar el 2026 no como un año para dejar de hacer cosas, sino para comenzar alternativas.
Tristemente no existe una guía de Fodor´s para el nuevo año, pero creo que lo más cercano que podemos es hacer un visionboard, pero uno con propósito.
No se puede recorrer un sitio con solo haber visto las fotos de los monumentos. Uno necesita saber dónde están, qué calle tomar, en qué esquina girar. lo mismo con los propósitos y las metas del año.
Es muy lindo escribir las metas en un papel, o pegar las fotos en el visionboard, pero si no hay un plan detrás que las sustente, entonces igualmente podríamos seguir recortando y pegando y de una vez terminar los próximos años.
Mucha gente aconseja hacer los visionboards de una forma que te inspiren o motiven, pero si no tenemos la determinación de empezar a actuar por lo que estamos planeando ahí, entonces no llegaremos a ningún lado.
¿De que le serviría al mago tener todas las herramientas si no se pone a usarlas? O lo mismo para la fuerza del caballo.
Los rituales de año nuevo, cualquiera que sea, deben de venir de acompañados de una acción, no simplemente de establecer la intención y sentarnos a esperar.
Es como las resoluciones que publican los países ante cualquier crisis: “se está monitoreando la situación”, pero ¿cuándo en realidad sucede algo?
Hay que evitar caer en una diplomacia con la procrastinación.
Me parece que es muy fácil, y lo digo en parte por mi experiencia, querer encontrar un punto medio entre comenzar algo y sentirse cómodo. Querer comenzar despacio cierto hábito, pero sin ir tan rápido para no perder mi comodidad. Error.
Sí, obviamente las actividades físicas sí necesitan ir de poco en poco, ¿pero las actividades que simplemente requieren sentarse y comenzar? Ahí no hay excusas.
El 2026 va a avanzar, con o sin nuestra acción, pero lo que si dependerá de nosotros es dónde terminaremos el año. Si en el mismo lugar en el que estamos ahora, o en aquel que está más cerca de las metas que esperamos lograr.
A reveure (i feliç any nou)
PD. Espero este sea el año en el que por fin hable fluido el catalán.


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