¿Ese licuado es para bajar o subir de peso?

The Wednesday Review, Semana 4, Volumen 2

Ilustración de @luzes.telar para The Wednesday Review

Pues sí, como el título pregunta, “¿ese licuado es para bajar o subir de peso?”, y antes de que lo piensen, no, esta semana no abordaremos temas dietéticos ni de nutrición (aunque según yo, me da por seguir la South Beach Diet cada tanto, solo para terminar dejándola a las semanas), sino que, esta semana hablaremos de la respuesta a ese comentario.

Toda esta historia comienza con un reel que me envió un amigo por Instagram, en el que una persona grabó una receta de un licuado, y al final del video, otra persona le pregunta: “¿Ese licuado es para bajar o subir de peso?” a lo que el autor le responde: “Lo hice solamente para disfrutarlo”. Yo creo que los estoicos jamás le van a llegar al nivel de esta persona.

“Lo hice solamente para disfrutarlo”. Es que a mi me parece maravilloso.

¿Cuántas veces hemos convertido cosas que disfrutábamos en cosas redituables? Debo exhibirme un poco, y en parte echarle la culpa al Dr. Agatston, pero desde que empecé a intentar comer más conscientemente, la pregunta no se me va de la cabeza, “¿esto me hace bien?”. Y el asunto es que no solo se queda en comer, si salgo a caminar, me termino preguntando “¿Cuántos kilómetros hice?”

Si hago una fotografía, termino pensando, “¿cómo se vería esto en una exposición?”. Si presento una idea de cortometraje para una clase, la idea que me ronda como una mosca es “¿Y qué va a pasar si sí la escogen?”.

Me parece que el mundo nos ha arrojado en una manía de tener que adelantarnos a las cosas antes de que sucedan. Es como si un buen día Dora la Exploradora, en vez de decir “¡Zorro! ¡No te lo lleves!”, volteara a ver al espectador y le culpara preguntando: “¿Por qué no viste venir al zorro?”.

¿Dónde quedó el disfrutar las cosas por el mero hecho de disfrutarlo?

En una columna sobre el día del libro, menciono la frase que se le atribuye a William Faulkner, en la que dice que la gente ya no quiere leer, sino que quieren haber leído. Y creo que eso es uno de los males de nuestra sociedad.

Ya no hacemos las cosas por el simple hecho de hacerlas, sino que ahora tenemos que encontrar alguna causa mayor que alinee nuestro actuar. Y hay que ver, sí, es importante que tengamos una línea de acción en nuestras vidas; encontrar ese lugar al que queremos llegar, pero hacer un licuado por que se nos antojó no es como que vaya a ser el punto de inflexión sobre si ganaremos el Nobel o terminaremos durmiendo bajo un puente. (Aunque los defensores del efecto mariposa me podrían contradecir).

Una de las cosas que más disfruto hacer es subirme a un avión y volar (como pasajero en un jet comercial, no como piloto en una avioneta), y en parte, porque es algo que hago cuando el universo me lo permite, y en parte, porque es una oportunidad bastante particular para estudiar la naturaleza humana.

Si ustedes han tenido la maravillosa oportunidad de volar, entonces también habrán tenido la no tan maravillosa experiencia de ver a las personas que tan solo el avión pone un neumático en el suelo, ya están hablando por teléfono e intentando abrir los compartimientos superiores.

Volar es una experiencia tan mágica, tan en contra de la naturaleza humana, tan única, que me parece un poco triste la gente que ya le ha perdido ese ojo, y ahora lo ven simplemente como un transporte más. Lo mismo va con tantas otras cosas.

En su “Rebelión de las masas”, Ortega y Gasset advierte que al hombre-masa (aquel que vive por vivir) poco le interesa ya el origen de las cosas que lo rodean, sino que, al contrario, tan solo quiere consumir lo que le rodea y vivir sin enterarse de lo demás. Ortega y Gasset después propone que esto causa un declive en las ciencias y el avance tecnológico, pero eso presta para otra columna. Lo que busco rescatar aquí es que parece ser que hoy en día muchas personas ignoran totalmente la magia que los rodea, y no necesariamente magia en el sentido metafísico, sino en cosas como el hecho de que existen lugares en los que podemos tener cualquier tipo de alimento, de cualquier parte del mundo, a nuestro alcance, y que esos lugares se llamen supermercados y estén en cualquier lado.

Pensemos en un humano neandertal de Lascaux, que tiene que cazar para alimentarse, protegerse de fenómenos meteorológicos que no comprende; que vive en una cueva, hace pinturas rupestres muy monas (pero todavía no lo sabe) y que en su cabeza solo existe el sobrevivir. ¿Qué pensaría del HEB Contry de Monterrey?

Imagina que pasa toda su vida luchando por conseguir el mínimo alimento, y de repente un día encuentra un sitio climatizado en el que encuentra alimentos que no comprende y que todo está a su alcance.

No creo que entonces se detenga a leer las etiquetas nutricionales o los sellos de secretaria de salud, o que se pare a preguntarle a un empleado que porqué el paquete de jamón no pasó con el descuento que estaba indicado.

Creo que hemos complicado mucho la vida. Espero no se me malentienda, no busco volver al primitivismo neandertal, sino que propongo buscar la simpleza en las cosas una vez más.

Dejar de ser el hombre-masa de Ortega y Gasset y empezar a vivir más conscientes de dónde estamos y que papel tenemos en nuestras vidas. El mundo, o más bien, nuestro mundo, no se va a terminar porque el licuado sea para bajar de peso o para subir de peso. Ni tampoco va a explotar el planeta porque el vaso esté medio lleno o medio vacío. Ni mucho menos va a cerrar HEB Contry porque no cumplan con el descuento del jamón. (Es anécdota).

El hombre primitivo de Lascaux no se podía permitir pensar si al cazar el jabalí podría obtener jamón o pierna ahumada, ni tampoco si alguien vería sus pinturas rupestres o si estas aparecerían en la sección de arte del New York Times. Hacía todo esto porque era lo que tenía que hacer.

¿Qué tenemos que hacer nosotros para tener la vida que queremos? ¿Qué hay que hacer para que nuestra felicidad sobreviva?

A veces permitirnos disfrutar las pequeñas cosas nos puede abrir la puerta a disfrutar las cosas más grandes, porque si no, peligramos terminar como esos personajes que logran la meta de su vida, solo para descubrir que se perdieron en el proceso.

A reveure.

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