Sobre el refill de café y su moralidad.

The Wednesday Review, Semana 12, Volumen 1

Ilustración de luzes.telar para The Wednesday Review.

El día de hoy vengo a iniciar un debate muy acalorado, uno que estimo pertinente tener, y cuyas repercusiones me parece deberían ser consideradas dentro del news cycle (o el ciclo noticioso, en español), y ese es: el refill de café en los restaurantes.

Los invito a no rendirse en este debate dado que el tema es más profundo de lo que parece, y todo comienza con esta anécdota:

Hace unos meses, mi familia y yo asistimos a un restaurante cuyo nombre no diré dado que el lugar es lo suficientemente bonito como para que no quiera yo que cierre. Cabe aclarar que éramos un grupo de alrededor 8 o 10 personas.

Al llegar al lugar, el servicio pasó sin ningún tipo de eventualidad, hasta llegado un momento, a mitad del desayuno, en el que la mesera nos informa que el café está limitado a dos refill por persona.

‘¿Cuántos llevo yo?’, pregunta alguien de la mesa. La mesera lo piensa un segundo, para después decir muy segura ‘Yo llevo la cuenta’.

Pasa el tiempo, y los refill de café, y entonces el indecente tema vuelve a surgir entre nosotros y ella, ‘pero entonces, ¿cuántos refill lleva cada quién?’ se le vuelve a cuestionar.

Sus facciones cambian entonces a las de un político al frente de una rueda de prensa y nos dice: ‘miren, cada cliente está limitado a dos refill por persona, el refill se cuenta si la taza está vacía. Si la taza no está vacía y yo llego a rellenarla, entonces no es refill’ (además de esto anunció un nuevo paquete de aranceles a China y Turquía).

Pocas aseveraciones han causado tanto revuelo en el mundo filosófico como la que ella acababa de hacer aquella mañana.

Naturalmente, no pude evitar pensar en el barco de Teseo. Aquella paradoja en la que se cuestiona si un barco al que se le cambian todas las piezas sigue siendo el mismo barco o ya es uno nuevo y diferente (?).

Llegué a la conclusión de que, si la taza está vacía y se rellena, entonces claro, es una nueva taza. Pero si está medio vacía y entonces se le agrega más café, el café se mezcla y sigue siendo parte de la nueva taza.

Es un dilema que entonces comienza a desvariar hasta llegar al famoso “¿el vaso está medio lleno o medio vacío?”, y me parece que mas que una cuestión de optimismo o pesimismo, se convierte en un dilema económico. Dado que, si el vaso está medio lleno, no es refill, pero si está medio vacío, entonces sí*.

(*y este está limitado a dos por cliente).

Este debate no hubiera crecido a no ser por el inusual final que tuvo, en el que, al momento de pedir la cuenta, la mesera llegó con una nueva afirmación: “Les he cobrado a todos solo un café, dado que no estoy de acuerdo con la política del restaurante”.

Entonces fue cuando Plutarco y Marx se sentaron a la mesa y creo necesario llevar este debate al siguiente nivel.

¿Cuántos refill pasaron por ella hasta que decidió ya no cobrar el refill? ¿Cuántas injusticias estamos dispuestos a dejar pasar hasta que decidamos tomar acción?

Veámoslo de la siguiente manera.

Bajo el principio del restaurante, si una injusticia está hecha a medias, y no se completa, entonces no cuenta como injusticia. Pero si ésta está consumada, entonces ya cuenta como una porque la acción se debe de corregir o indemnizar.

Sé que probablemente estoy sobre leyendo la situación, pero creo que es muy necesario ser claros con nuestras políticas de refill, dado que ahora es un refill, pero en algún punto de la vida seremos nosotros los que sirvamos el café.

A ver, que yo soy muy fan del bottomless coffee, me parece la mejor invención norteamericana, pero que tampoco hay que ser tan adictos a la mala vida.

Esto no va tan lejos porque llega al también sonado ‘una me la hacen, dos ya no’, un refill lo hago, pero dos ya no, o tal vez sí, pero tres no porque entonces es cargo extra, y es cuando hay que alzar la voz con tal de defender al consumidor.

Pero ahora, ¿quién va a alzar la voz para defendernos a nosotros?

Sería muy irracional, en palabras de Rand, defender al consumidor con tal de ganar una propina, dado que no podemos esperar que otros cumplan nuestros deseos. Mientras que Aristóteles apuntaría al que beneficio que obtiene la mesera está en el actuar bien y basta.

¿Pero esta actuación está bien para nosotros, o para los demás? ¿El objetivo de actuar bien es el del beneficio de quién? ¿Quién dice qué es actuar bien y qué es actuar mal?

Me parece que la respuesta debería estar dentro de cada uno, dado que la política de refill varía de restaurante a restaurante, resultaría imposible, por no decir que anecdótico, intentar una respuesta generalizada.

No se les puede medir a todos con la misma vara, pero nosotros si nos podemos medir con la que tenemos, y es ahí la clave de todo este asunto.

No podemos esperar que los demás vengan a salvarnos, pero los demás tampoco pueden esperar que nosotros llevemos la cuenta de cuantos refill de café llevamos si la plática está buena.

O en otras palabras, no podemos esperar que nos den refill ilimitado, para después enojarnos si los roles cambian y ahora nosotros tenemos que dar el refill.

La cosa está en aprender a dibujar una línea entre lo que dejamos pasar y lo que no. Aprender a poner límites, pero empezando por uno mismo. Termina siendo hipócrita intentar que los demás sigan límites o reglas que ni nosotros mismos creemos válidas.

De nada sirve abogar porque el tercer refill es con costo extra si al final lo dejaremos pasar. O se deja pasar desde el principio o no se deja pasar nunca. Abajo con los restaurantes de moralidad dudosa.

A reveure.

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