La apuesta por la redención

The Wednesday Review, Semana 6, Volumen 1

Collage de Andrés Tsèz para The Wednesday Review.

Esta semana vi un reportaje de DW que hablaba que Las Vegas se encuentra en la antesala de una crisis a causa del bajo número de turistas, esto debido a varios factores, los principales son el alto costo de los servicios y atracciones, y el otro las políticas de viaje de la administración Trump. Sin embargo, me pregunto si esta no es la oportunidad perfecta para que Las Vegas se reinvente, una vez más, a sí misma.

Si hacemos un viaje en el tiempo, antes de las telecomunicaciones y el Strip, las tarjetas de crédito y los taxis por aplicación, Las Vegas nació como un paradero del desierto americano, atrayendo principalmente a trabajadores de la recién fundada Boulder City, y de viajeros que paraban en la ruta ferroviaria entre Los Ángeles y Salt Lake City.

Fue entonces cuando Las Vegas comenzó a caer en la imagen de parada (medio de mala muerte) en la que solo había salones de juego y clubs de caballeros. Hasta que la mafia aprovechó la oportunidad de algo más.

Fundido en negro y llegamos a mediados de los 50s, cuando el Strip comienza a desarrollarse entre hoteles controlados por la mafia y la naciente horda de turistas que venían para aprovechar las laxas leyes del divorcio de Nevada.

Es así como Las Vegas desarrolla la imagen de la ciudad del pecado, entre juegos de apuestas y divorcios, alcohol y apuestas atómicas. Sin embargo, esta no podía ser la imagen de una ciudad respetable, en la que los hoteles aun rememoraban la época de los vaqueros con nombres como el Desert Inn, Sands, Dunes o el Rancho. Si el objetivo era crecer, la solución no estaba en atraer a matrimonios fallidos o matones de la mafia, había que mirar a otro lado.

Salto en los años para llegar a los 60s, con el boom de la televisión y Elvis Presley, Las Vegas decide que es hora de presentarse como un destino para todos, y que mejor forma que por los medios que todo el mundo ama, dándonos joyas culturales como los episodios de “Roca Vegas” en Los Picapiedra, y “Las Venus” en los Supersónicos. Así como la bizarra película “Viva Las Vegas” de Elvis Presley, que llamo bizarra porque en la secuencia final hay accidentes de auto verdaderamente catastróficos y la reacción de Ann Margret es simplemente “Oh!” y un suspiro.

Si la familia de Pedro Picapiedra puede permitirse ir a Las Vegas, ¿por qué no lo haríamos nosotros?

Y es precisamente esta mezcla ecléctica de elementos lo que da lugar al nacimiento de los primeros hoteles temáticos como el Caesar’s Palace, recordando a la era dorada del imperio romano, el Aladdin, transportando a los turistas al mundo persa, el Circus Circus, con su temática cirquense (con la cual también protagoniza la película de Los diamantes son eternos de la saga de James Bond) o el Stardust, que traía desde el espacio exterior los avances de la carrera espacial.

Este pequeño desfile de destinos habría de verse opacado con la caída de la mafia y la entrada de los conglomerados hoteleros al Strip, quienes buscaban dar fin, de una vez por todas, a la sombra de la mafia, cuyo descenso está inmortalizado en la película ‘Casino’ de Martin Scorsese.

Con los conglomerados llegan los presupuestos y los hoteles aumentan de tamaño, siendo el primer mega-resort el Mirage, de Steve Wynn, cuya empresa acabaría construyendo también el Treasure Island y el Bellagio, el primero con temática pirata y el segundo con el lujo de la Riviera italiana.

Después, del Circus Circus vendría el Luxor, con la famosa pirámide, el Excalibur, con su castillo de cuento y el Mandalay Bay, que buscaba llevar a los huéspedes a las costas del sur asiático.

Y es así como Las Vegas consolidó su tercera reinvención, sin embargo, en mi opinión una cuarta sucedió y estamos en la víspera de la quinta.

La cuarta evolución de la ciudad vino con la caída de las temáticas, cuando los hoteles dejaron de ser atracciones y se convirtieron simplemente en hoteles, como atestiguan las propiedades del City Center, como el Aria o el Vdara, o el último hotel de Steve Wynn, el Wynn y el Encore, hoteles que dejan de tener una temática expresa y en su lugar siguen conceptos como ‘sueños’ o ‘lujo’, que siendo sinceros no los diferencian de cualquier resort de otra parte del mundo.

Después, la demolición del Riviera, el Tropicana y la demolición simbólica del Mirage al perder su volcán y su imagen, solo demuestra que Las Vegas entró en una crisis en la que los conglomerados comenzaron a devorarse a sí mismos, siendo la famosa esfera el único símbolo posible de redención.

¿A dónde irá Las Vegas con esta quinta etapa, liderada por la esfera y las experiencias inmersivas? Honestamente creo que es difícil saberlo.

No me parece que venga un hotel con temática de la Matrix, u otro con temática de colonia espacial, sin embargo, algo curioso que mantener en el horizonte es que la ciudad continúa apostando por los congresos de negocios y eventos deportivos, lo que podría resultar, entre tantas opciones posibles, en el divertido escenario en que Las Vegas vuelva a ser una ciudad de paso y entonces se reinicie el ciclo.

Porque en mi opinión, la única certeza es que la casa siempre gana.

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